En menos de tres minutos, Mark Wahlberg y Christian Bale pintan a la perfección a sus respectivos personajes; mientras esperan que se enciendan las cámaras para grabar un reportaje, Micky (sufrido, tímido y retraído) y Dicky (excesivo, siempre "volado") quedan descarnadamente expuestos a la mirada de los espectadores. La escena marca también el ritmo que va a tener la película, estructurada alrededor de la relación del protagonista con su hermanastro y el resto de su familia, mientras transita el sueño de miles de boxeadores de todo el mundo: tener la oportunidad de disputar la corona mundial. Lo atractivo es que tanto Dicky (es también un boxeador que pretende reverdecer viejas y efímeras glorias entrenando a su hermanastro) como el resto de la familia resultan tener características singulares. Las siete hermanas de los púgiles funcionan como una suerte de personaje coral bullicioso y omnipresente que le agrega un toque de originalidad a la trama; y la madre-manager (gran actuación de Melissa Leo) se convierte en otro de los pilares de la narración. Amy Adams encarna a la mesera de la que se enamora Micky y que se transforma en otro de los puntos de tensión afectiva entre los que se debate el protagonista.
El director David O. Russell se las arregla para que esta no se convierta en una más de las tantas películas que se han hecho (y se seguirán haciendo) sobre el mundo del boxeo y en gran medida lo logra porque asienta su relato en las complejas interrelaciones emocionales de los personajes y porque intenta sustraerse en todo lo posible a la tentación de enhebrar una serie de inverosímiles batallas épicas sobre el ring.
Cuenta, además, con muy buenos intérpretes (sobre todo un Mark Wahlberg sobrio, contenido, convincente) y una excelente ambientación en la pintoresca localidad de Lowell. El filme, con el atractivo extra que siempre añade el hecho de recrear una historia real, lo tiene todo como para llevar muchos espectadores al cine.
El director David O. Russell se las arregla para que esta no se convierta en una más de las tantas películas que se han hecho (y se seguirán haciendo) sobre el mundo del boxeo y en gran medida lo logra porque asienta su relato en las complejas interrelaciones emocionales de los personajes y porque intenta sustraerse en todo lo posible a la tentación de enhebrar una serie de inverosímiles batallas épicas sobre el ring.
Cuenta, además, con muy buenos intérpretes (sobre todo un Mark Wahlberg sobrio, contenido, convincente) y una excelente ambientación en la pintoresca localidad de Lowell. El filme, con el atractivo extra que siempre añade el hecho de recrear una historia real, lo tiene todo como para llevar muchos espectadores al cine.